En la ciencia ficción siempre he tenido un referente que me ha hecho disfrutar con ella e imaginar los mundos que creaba. Es Isaac Asimov. Escribía una ciencia ficción fabulosa. Fue profesor de física de Universidad en EEUU. En sus cuentos y novelas, reflejaba la fusión de la posible realidad entre la ciencia y la ficción, buscando lo relativamente posible desde un punto de vista científico. Hay que tener en cuenta que fue un escritor de mediados del siglo pasado, y que mucha de la tecnología que hoy disfrutamos, no llegó a verla. La gente no tenía teléfonos móviles ni ordenadores en sus casas, ni circulaban por las calles con patinetes eléctricos, y raro era el televisor que funcionaba con un mando a distancia, y todo eso, entre otras muchas cosas. Demostró el buen uso que se puede dar a la imaginación, combinándola con una futura realidad.
Seguro que la mayoría habéis visto las películas, El hombre del Bicentenario y Yo robot.
Pues ambas, son una novela y un cuento de Isaac Asimov. El cuento El hombre del Bicentenario fue premiado, con un argumento de peso, y una historia emotiva. Es posible que a más de un lector, se le escape una lágrima. A medida que nos adentramos en su lectura, nos puede hacer pensar sobre la relación cerebro-mente, de lo necesario que puede ser lo uno para lo otro, y llevarnos a preguntar dónde, en cual de los dos, nacen las sensaciones, los sentimientos, o es el producto de su unión. En Yo robot, nos lo vuelve a recordar con la acción-reacción producida ante unos hechos, buscando las diferencias de un cerebro orgánico, frente a uno positrónico, recién salido de una fábrica.
Si queréis leer una ciencia ficción de calidad, con un buen argumento y valores sobre la vida, leer el cuento. Y si además queréis intriga y suspenso con de algo de acción, tenéis la novela.
Aunque mi recomendación, es que leáis los dos:
Isaac Asimov.
El hombre del Bicentenario y Yo robot.
Como siempre, sólo me queda una cosa que desearos:
Una buena lectura.
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